21 octubre 2026

EL ARTE Y EL BUEN ARTE. Reflexiones.

El arte es arte cuando la obra es capaz de reflejar las emociones y espectativas de su observador, sus experiencias,  sus vivencias, provocándole una reacción según sus propios conflictos más íntimos.

***

La obra tiene muchas vidas, tantas como observadores quieran apreciarla. Esta se culmina en el interior de cada espectador, que es el que le da sentido, y a veces, muy diferente del que pretendió el propio artista.

Una obra nunca estará acabada; no termina en las fronteras del marco o en el borde del lienzo, y no termina donde ya no hay más arcilla; la obra, la imagen,  la figura o cualquier otra forma de expresión sólo termina con la imaginación del espectador, que es quien le da todo el sentido.

A mayor ambigüedad en la obra, mayor será el rol activo del espectador. 

***

Y el arte es buen arte cuando nos atrapa, cuando la obra queremos hacerla nuestra y la interpretamos de forma muy personal, proyectando sobre ella nuestros sueños y deseos. El buen arte es el que hace plantearnos preguntas en vez de respuestas, haciendo volar nuestra imaginación desde la realidad a la ficción y viceversa. 

El buen arte traspasa fronteras; este sólo acaba donde terminan los sueños y la imaginación de sus admiradores.


JJP

José Jurado Pérula.





LÍQUIDA. Carta n⁰19.


LÍQUIDA. 





Mi querido Zaratustra; a la pregunta de: ¿Cuál es la situación actual de la sociedad?, la respuesta,  en principio,  puede ser un poco desconcertante. La sociedad actual es líquida. ¿Está usted de acuerdo conmigo?.

Ya lo dijo Zygmunt Bauman, sociólogo, pensador y filósofo polaco: 

"el trabajo ya no garantiza una vida con las necesidades básicas cubiertas, a salvo de la pobreza y la exclusión social".

La configuración de nuestra sociedad actual, cada vez más, tiende a la inestabilidad y a la falta de estructuras sólidas. Lo dicho, una sociedad cada vez más líquida.

Las sociedades más "avanzadas" en su afán de progreso, productividad y eficiencia, producen de forma sistemática lo que podemos denominar "residuos humanos"; es decir, personas que se ven afectadas por la normalización de la precariedad laboral, fragmentación de las clases medias y otros factores que dificultan la integración social de estas y unas condiciones mínimas de vida.

El empleo reduce la probabilidad de pobreza, pero no garantiza unas condiciones de vida suficientes.

Cuando el mercado laboral genera trabajos mal remunerados, inestables o a tiempo parcial involuntario; una parte significativa de la población ocupada permanece en situación de pobreza y no consiguen integrarse plenamente en esta sociedad actual tal y como está diseñada. Por ello, el debate sobre la reducción de la pobreza no puede centrarse únicamente en el acceso al empleo, además debe incorporar la calidad de este y el marco normativo que lo regula, si lo que se pretende es una sociedad bien cohesionada.

Las condiciones de vida en la actualidad se caracterizan por la inestabilidad, la incertidumbre y la falta de referencias duraderas. Estas cambian tan rápido que los proyectos personales no pueden consolidarse, generando trayectorias de vida sin faros ni anclajes.

El resultado no es sólo pobreza material, sino desarraigo social y político; un malestar que erosiona la confianza en ese contrato social que todos asumimos dando por bueno. 

A veces, querido amigo, pienso que que todo forma parte de un plan perfectamente orquestado.

¿Qué sociedad queremos,  una que proteja e integre o que utilice y después deseche ?

Una sociedad que asume y normaliza el daño colateral de "personas sobrantes" o "residuos humanos" sólo con el objetivo de mejorar los índices de crecimiento acaba socavando sus propios cimientos.




Sociedad líquida es un concepto desarrollado por el sociólogo y pensador Zygmunt Bauman (1825 - 2017). Con este pretende describir la era contemporánea como una fase inestable, volátil y cambiante, donde los vínculos humanos, instituciones y valores sólidos se han disuelto. Se caracteriza por el individualismo, la inmediatez, la precariedad laboral y la constante necesidad de adaptación.


Esto es una paráfrasis de un artículo de Alexis Cloquell Lozano, profesor de Sociología de la Universidad Católica de Valencia.



JJP.